“Que alegría. Eso solo nos pasa a nosotros.
Estamos en contacto directo con los dioses y debemos adorarlos como nunca lo
hemos hecho” murmuraban, todavía echados en tierra y sin atreverse a levantar
la vista.
Entonces
Cajamarca y Millaray saltaron al suelo desde las costillas del pàjaro,
acercándose a los sacerdotes que ahora retrocedían miedosos al verse tan cerca
de aquellos divinos seres llegados del infinito espacio. “Bendecidos por el sol
serán ustedes ahora y siempre, venerables sacerdotes, por los sacrificios que continuamente
hacen en su nombre. Xué está felíz porque ustedes lo quieren, lo adoran y lo
respetan. Porque veneran su poder, su luz y su calor. A eso hemos venido, a
traerles el mensaje de agradecimiento de nuestro padre sol que nunca los olvida”.
“Entren,
entren al templo celestiales seres, para que lo bendigan con su presencia” dijo
uno de los sacerdotes a Millaray y a Cajamarca. Y como Bachué, que se había
quedado encima del cóndor les hizo señas de que entraran, los jóvenes caminaron
al interior donde se inclinaron frente a la piedra ensangrentada y frente al
inmenso sol de oro, que brillaba intenso con la luz de las antorchas y de las
fogatas.
Cajamarca
y Millaray caminaron poco allí, porque el espacio no era muy grande. “Tambien hemos
venido a preguntarles algo” dijo de pronto Millaray acercándose a los Jeques,
qe estaban muy excitados. “Pregunte lo que quiera, divina criatura” respondió
uno de ellos acercándose a la piedra de los sacrificios. “Donde queda la
montaña brillante?”. Interrogó la muchacha mirando las caras ensangrentadas de
los sacerdotes.
“No,
no. No pueden hacernos esa pregunta y mucho menos podemos responderla”. dijo el
sacerdote con la cara congestionada y enrojecida, como si un horrible secreto
le impidiera hablar sobre eso. “Es algo que pocos hombres, y todos los dioses,
saben. El mortal que sepa donde está, se arriesgue a ir allá y encuentre a la
niña Luz de Sol con el diamante del poder, se convertirá en jefe de los dioses con
poderes increibles en el cielo y en la tierra. Por eso no nos está permitido revelarlo.
Cualquier cosa que nos pidan se la daremos, pero eso no podemos decirlo.
Preferimos morir, divinos hijos del Sol, antes que responder esa pregunta”.

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